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La Pérdida de Averly

La fundición Averly fue incluida en el Watch de 2016  para llamar la atención sobre las presiones inmobiliarias que amenazaban al conjunto, del que tan sólo una tercera parte estaba protegida como bien de interés cultural.

Averly ha dejado de existir. Al menos como ha existido hasta ahora. Durante los últimos días de julio de este año, la fundición histórica –considerada unánimemente por los expertos como la más importante y mejor conservada del sur de Europa– fue demolida. 

Desde que se alzara en 1880 en las afueras de lo que entonces era el centro urbano de Zaragoza, junto a las vías del ferrocarril, la fundición Averly se había mantenido inalterada, y en ella habían sedimentado décadas y décadas de producción industrial, concretada tanto en elementos artísticos y arquitectónicos como en bienes de equipo para el resto de las industrias. Sin Averly y su producción, extendida por todo el mundo, no es posible entender el paisaje urbano de Zaragoza, pero tampoco el proceso de industrialización del valle del Ebro. 

Sus espacios eran un mundo mágico lleno de posibilidades y cualidades y el conjunto era el único ejemplo de villa-factoría conservado en su tipo. Según todos los expertos, Averly contaba con todas las características necesarias para haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

La destrucción ha sido posible gracias a la complicidad de un buen número de instituciones. Han fallado todos los resortes del Estado y, finalmente, España ha permitido la desaparición de uno de los bienes catalogados en el Plan Nacional de Patrimonio Industrial. Pero la lucha no ha sido en balde. Los ciudadanos y las ciudadanas hemos demostrado nuestro amor al patrimonio y la cultura, y hemos sido arropados por numerosas instituciones como el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, la Real Academia de ingeniería o World Monuments Fund. A todos ellos mostramos nuestro agradecimiento. 

Decía al comienzo que Averly ha dejado de existir. Pero no es del todo cierto. Primero porque durante este tiempo hemos llevado a cabo una labor de documentación que pronto verá frutos. Y también porque quienes somos conscientes de su valor excepcional no nos vamos a rendir ahora. Todavía hay que luchar por Averly, que ahora requiere justicia y reparación.

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